dimecres, 19 d’agost de 2020

Gracias Cello, por dejarme resurgir por dentro y por fuera: Daniel Claret dió luz, calma y elegancia en la noche de este especial verano del 2020. Por Anna Jarque

 

Verano del 2020, ya sabes, tras esas duras semanas y semanas de sólo pandemia y tristes noticias con la única ventana -de las pocas- del arte y la música. Te situo, era en la Casa de la Espiritualidad Sant Felip Neri, en Barcelona, en el marco de “Estius musicals al jardí de la Casa “ (Veranos musicales en el jardín de la Casa). Daniel Claret, violoncelista por carrera propia y por genética, nos ofreció su “Diàleg entre dues èpoques” (Diálogo entre dos épocas), y lo hizo a través del viaje con Bach, Kurtág y Ligeti. Ese fue mi primer concierto en vivo, por lo que estando tan sensible al momento, o bien todo me parecería poco porque mi expectativa era alta, o bien todo me parecería excelso porque mi sensibilidad era extrema. …pues bien, todo fue com tenia ser: natural, humano, presencial, sereno, ni más ni menos, con los colores esperados y matices respirados. Bien….pedir por pedir, una copa de cava fresco al acabar, pero esa ya es otra valoración o crítica! (léase emoticono guiñando el ojo).

El marco: La Casa de Espiritualidad Sant Feli Neri hizo un gran esfuerzo de organización y coordinación para que el evento tuviera las medidas necesarias de protección, teniendo además en cuenta que la Casa es a su vez la residencia de ancianas monjas por las que se debe guardar estricto cuidado en las precauciones. Habiendo hecha reserva previa, el acto se realizaba en el polifacético jardín, donde asientos sin visibilidad se guardaban para las entrada de última hora. Distancias, mascarilla, gel y antimosquitos, gran previsión. El músico se situó bajo la glorieta, espacio de gran resonancia i delicada escenografía, por lo que la escena era de una sencillez y naturalidad que se agradecía.


El concierto: Daniel Claret precedía cada pieza escogida con la lectura de un texto del propio Kurtág. Si bien toca analizar su interpretación como músico, cabe destacar su interpretación com rapsoda. Claro, vocalizando, sin timidez pero sin pretensión, simplemente narrando y dejando que las palabras vivan a través del espacio que las recorre. Vaya aquí alguno de sus fragmentos:

 

-”Conscientemente soy absolutamento ateo, pero si considero a Bach no puedo ser ateo…porque en su música hay oración”(…)

E inicia la suite n.2 en Re Menor de JS.Bach, donde piel y sólo piel, y también paisaje, y también paseo se funden entre las imágenes que bailaron entre nosotros.

 

-”…En el fondo vivo de impresiones muy breves”(…)

Y suena una selección de “Signes, Games and Messages” de György Kurtág. Y las puertas del alma se fueron abriendo y cerrando y abriendo y cerrando.

 

-”…El presentimiento que hay algo más elevado”(…)

Ahora una sonata de Ligeti. …porque la vida es una montaña rusa.

 

-”…El instinto es lo más importante”(…)

Suena una segunda selección de Kurtág. Fue silencio musicado, con tanto peso y tanta ligereza como ese mismo silencio se pueda vivir.

 

-”…la fe no es un sueño, es un ser vivo”(…)

Y  es el momento de la suite n.3 en Do Mayor de JS.Bach. Aquí vivimos en directo el éxtasis del intérprete. Daniel Claret se entregó a la música para que ésta viviera utilizándole a él de herramienta, de mensajero sutil y preciso. Él no estaba, cerró los ojos, tocó de memoria, sin mente y sin cuerpo, porque él sólo existía a través de su violoncello, Daniel no tocaba, tocaba su alma. Y esa alma siendo presente, pudo ya viajar a través de la Bourré I y II y de la Giga. Tan sublime fue su presencia que no entregándose a la técnica prefería deslizarse entre las notas con sus diminutas trampas y retos, como piedras hay en los caminos. Y si en algún momento dedo o cuerda se mostraban diferentes, lo eran como diferentes son los pasos cuando caminas. Prefiero esos caminos vivos que no los caminos de asfalto. Es decir, Daniel magníficamente no resultó un robótico técnico del metrónomo sinó que se entregó a su respiración, la del público y la de esta pieza musical, naciendo esa cuarta respiración que estremece cuerpo, mente y alma. Un amalgama de pieles melódicas. El vello no estaba de punta. Era más, Era todo nuestro interior silenciado para escuchar ese otro universo que se nos aparecía.

….uau.

Sin más.

También como “guionista” del concierto Claret supo intercalar a los tres compositores y diferentes épocas como el propio título señala: dialogando. Un diálogo dialógico, como diría Panikkar, manteniendo el respeto y la atmosfera para cada música, sin prestar protagonismos gratuítos sinó siendo cada uno de ellos protagonista y complemento para el espectáculo.

La parte técnica del concierto -luz y sonido- apoyaron el evento desde la más discreta pero necesaria presencia.

 

Gracias Daniel Claret por este regalo. Gracias Daniel por todavía ahora arrastrar la piel y la técnica del gran músico Lluís Claret, que tuviéndolo de público intercaló miradas incisivas-no negativas y miradas paternales, un ecléctico juego familiar bonito de observar.

 

Gracias Casa de la Espitualidad Sant Felip Neri por la osadía y el regalo de este ciclo en tiempos tan difíciles, donde conjugar la tiempos de crisis económica para los artistas versus crisi económica para el público, no es tarea fácil. Pero vuestra luz y experiencia para regar las almas se nota en cada actividad que se programa.

 

Daniel Claret, violoncello. “Diàleg entre dues èpoques”

Casa de l’Espiritualitat Sant Felip Neri

Barcelona, 28 julio 2020

 

Anna Jarque

Agosto 2020

 

 


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